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El impuesto sobre transacciones financieras y su impacto en la calidad de mercado

Hay numerosos trabajos que sugieren que su impacto es negativo y no es sencillo afirmar que los posibles beneficios a obtener superen los costes de introducir esa tasa en el sistema.

[27/06/2012]

Arantxa Álvarez. BME.

Hace pocas semanas Alemania y Francia han dado pasos efectivos para implantar en sus sistemas financieros la Financial Transaction Tax (FTT) o tasa a las transacciones financieras. La FTT propuesta es una suerte de tasa Tobin con variantes locales. De forma resumida, el objetivo declarado oficialmente para justificar su aplicación es triple: por un lado, desincentivar a los especuladores y reducir la volatilidad, por otro, hacer que el sector financiero contribuya a paliar los efectos de una crisis de la que son responsables en gran medida y, por último, destinar la recaudación obtenida por esta vía a planes de impulso al crecimiento.

No obstante estas metas, siendo loables, no deberían enmascarar otras realidades como son, entre otras, que la efectividad de tal tasa está en entredicho si su introducción no es global en un mercado de capitales que sí lo es y, además, que su aplicación efectiva puede generar distorsiones en los mercados, especialmente los regulados, con consecuencias negativas que podrían menoscabar seriamente la calidad de los mismos. Apuntando en esta línea, un estudio de Anna Pomeranets y Daniel Weaver, economistas del Banco de Canadá y de la Rutgers Business School respectivamente, concluye que la imposición o el incremento de una tasa sobre las transacciones financieras conlleva un spread de precios más abierto, menor volumen de negociación y un deterioro general de la calidad de los mercados. El trabajo, titulado “Securities Transaction Taxes and Market Quality” y publicado en noviembre de 2011, se centra expresamente en el análisis de las posibles consecuencias de la introducción de un impuesto sobre transacciones financieras.

Diferentes posturas

El tipo de gravamen que se analiza en el estudio, ha obtenido apoyo por parte de varios países del G-20 tales como Francia y Alemania, aunque otros miembros (Canadá, Australia o Estados Unidos) han expresado su rechazo frontal al mismo. Estos puntos de vista divergentes encuentran su reflejo en la teoría económica donde eminentes estudiosos han formulado diferentes valoraciones respecto al impacto de la imposición de esta tasa sobre la calidad de los mercados.

Entre los economistas favorables al impuesto se encuentran Keynes, Tobin, Stiglitz y Summers que consideran que el establecimiento de una tasa de este tipo pondría freno a la especulación, mejorando de esta manera la calidad del mercado.

Contrarios a esta medida son Kupiec, Amihud y Mendelson, Schwert y Seguin que argumentan que este gravamen afecta a toda la actividad del mercado y, por tanto, representa una carga para todo aquel que negocie en el mismo, afectando a la liquidez de los instrumentos financieros negociados y aumentando los costes de las transacciones.

En su estudio los autores intentan rellenar el vacío existente en cuanto a investigaciones acerca del impacto de este impuesto sobre los spreads, a la vez que examinan las consecuencias de la imposición del mismo sobre la calidad de mercado basándose en el análisis de los datos obtenidos del establecimiento de un impuesto sobre transacciones financieras en 1905 en el Estado de Nueva York y abolido en 1981.

Para profundizar en diversos aspectos referidos a la calidad de mercado, los autores estudian los resultados empíricos que recogen datos de 28 tipos de impuestos diferentes en 11 países y toman como guía importantes estudios acerca de la materia de economistas de referencia.

Principales conclusiones

Pomeranets y Weaver concluyen que, aunque los defensores del impuesto argumentan que éste reduciría la especulación y con ello la volatilidad, sólo uno de nueve estudios contemplados (Stiglitz y Summers y Summers en 1989) apunta en esta dirección y los ocho restantes no alcanzan esa conclusión (Umlauf, Baltagui, Li y Li, Hu, Roll, Saporta y Kan, Sahu, Phylaktis y Aristidou, Jones y Seguin y Hau). Seis de ellos o bien encuentran una relación directa despreciable o concluyen que no aprecian ninguna relación entre cambios en la tasa sobre transacciones financieras y volatilidad del mercado. Los dos restantes encuentran una relación directa significativa en el mismo sentido entre volatilidad y nivel del impuesto, lo que apoya las tesis de Kupiec (1991) y de Amihud y Mendelson (2003).

Según refieren los autores del estudio, los trabajos de Baltagi, Li y Li (2006), Hu (1998), Liu (2007), Sahu (2008) y Jarrell (1984) concluyen que los volúmenes negociados en los mercados disminuyen conforme aumenta el nivel de la tasa financiera de turno, corroborando las predicciones teóricas de Schwert y Seguin (1993). Además, hay trasvases de cuota entre mercados según se aplique o no la tasa a favor de estos últimos.

En relación al impacto de la tasa sobre los spreads (horquillas o diferenciales entre las mejores posiciones a la compra y a la venta) los autores, apoyando sus conclusiones en los cambios observados en su estudio sobre la imposición de la tasa en el estado de Nueva York en el período 1905-1981, concluyen que la horquilla de precios aumenta conforme lo hace el impuesto.

En conjunto, los resultados del estudio que comentamos sugieren que la imposición de una medida de este tipo perjudicaría la calidad del mercado. Aún más, dado que los costes de las transacciones están directamente ligados a los costes de capital de las empresas, prevén que la introducción de este impuesto llevaría a costes de capital aún más altos, lo que implicaría una menor valoración de las empresas y por ende, a unos niveles de inversión menores, lo que ralentizaría en última instancia una recuperación económica.







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