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España, líder europeo de crecimiento en un año de resiliencia y transformación

España, líder europeo de crecimiento en un año de resiliencia y transformación
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Tipo Noticia

Al repasar los acontecimientos y dinámicas que han marcado 2025, un elemento común que destaca en los principales análisis económicos es que la economía mundial ha vuelto a demostrar un grado extraordinario de resiliencia. A pesar de los choques arancelarios, los cambios de política y un panorama geopolítico inestable, el crecimiento global se ha mantenido más firme de lo esperado, con el FMI proyectando una expansión cercana al 3,2% en 2025 y una ligera moderación al 3,1% en 2026. Hogares y empresas se han adaptado rápidamente, las cadenas de suministro se han reorganizado y las condiciones financieras han sido lo suficientemente favorables para mantener el ciclo global en un ritmo estable y sostenido.

Esta resiliencia fue especialmente visible en la forma en que las economías absorbieron la ola de nuevos aranceles. Lo que muchos temían que desencadenaría una perturbación profunda resultó en cambio en una desaceleración más moderada, a medida que las empresas diversificaron proveedores y ajustaron precios gradualmente. Si bien el orden global sigue fragmentándose, los peores escenarios asociados con las guerras comerciales se han evitado hasta ahora.

La política monetaria entró en una nueva fase en 2025, aunque sigue siendo desigual entre regiones. Tras dos años de endurecimiento agresivo, los principales bancos centrales han comenzado a relajar su política con cautela, si bien con enfoques distintos. Se espera que la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra procedan con prudencia ante la incertidumbre inflacionaria. El Banco Central Europeo, enfrentando una constelación distinta de riesgos, mantendría una postura estable. Los movimientos del Banco de Japón apuntan hacia la normalización de la política, poniendo fin a décadas de condiciones ultra expansivas, mientras la inflación se mantiene por encima del objetivo. Por su parte, el Banco Nacional Suizo redujo los tipos de interés al 0%, manteniendo una postura flexible ante la baja inflación y la fortaleza del franco suizo. En los mercados emergentes, algunos bancos centrales están recortando tipos, mientras otros mantienen una posición defensiva para contener la volatilidad inflacionaria y las presiones sobre las divisas. No obstante, los tipos de interés terminales se sitúan muy por encima de los niveles de la década pasada, y los mercados se están adaptando a un nuevo equilibrio más elevado. Al mismo tiempo, el margen fiscal sigue limitado en muchas economías avanzadas, donde los gobiernos deben equilibrar necesidades de inversión, presiones demográficas y elevados niveles de deuda.

España, motor de crecimiento

En este contexto, España emerge como motor de crecimiento. En 2025, la economía española ha registrado un comportamiento excepcional, superando no solo a sus socios europeos, sino a la mayoría de las economías avanzadas. El PIB avanza a un ritmo cercano al 2,9%, muy por encima del 1,2% de la zona euro y del 1,6% previsto para otras economías desarrolladas, impulsado por una sólida demanda interna, con un consumo de los hogares resistente, una inversión fuerte, especialmente en intangibles y tecnología, y un mercado laboral robusto. A pesar de las tensiones comerciales a nivel global, España ha mantenido un elevado dinamismo económico a lo largo de 2025, lo que pone de manifiesto que el entorno arancelario no ha frenado de forma significativa su trayectoria de crecimiento, en gran medida porque la estructura de sus exportaciones está menos concentrada en los sectores más expuestos a los aranceles estadounidenses y porque los acuerdos comerciales vigentes atenúan la carga arancelaria efectiva sobre los productos españoles. Desde 2019, la economía española acumula un crecimiento cercano al 10%, frente al 6,4% de la zona euro.

Este sólido desempeño ha sido reconocido por las principales agencias de calificación de riesgo, que han mejorado la nota soberana de España, mientras que la prima de riesgo se redujo hasta situarse en torno a los 47 puntos básicos a finales de noviembre, su nivel más bajo desde antes de la crisis financiera de 2008, reforzando la percepción de una economía más resiliente y más estable. De cara a 2026, se prevé un crecimiento del 2,1%, respaldado por la aceleración de la inversión del programa Next Generation, el continuo aumento de la población, unas condiciones financieras acomodaticias, la moderación de los costes energéticos y un importante colchón de ahorro de los hogares que sostendrá el consumo.

Los mercados bursátiles globales han registrado significativos avances en 2025 y, una vez más, España ha destacado como uno de los mercados con mejor rentabilidad a nivel mundial. El IBEX 35® se revaloriza un 48% a falta de apenas dos sesiones y media para cerrar el año, superando su anterior máximo histórico de 2007 y anotando la mayor subida anual en lo que va de siglo. Cabe destacar que este rally se produjo en un entorno de tensión moderada en los mercados, lo que pone de relieve la solidez de los fundamentales empresariales y el fuerte apetito inversor. En los últimos tres años, el IBEX 35® prácticamente ha duplicado su valor, reforzando la narrativa económica favorable de España y la resiliencia que sigue caracterizando a sus empresas cotizadas.

Perspectivas para 2026

Con vistas a 2026, la economía global debería mantenerse resiliente, con un crecimiento en términos generales similar al de 2025, aunque cada vez más condicionado por dinámicas complejas como la reconfiguración de las relaciones comerciales, el envejecimiento poblacional, la evolución de los mercados laborales y la aceleración del ciclo de inversión en inteligencia artificial. Estas fuerzas generan tanto factores de estabilidad como vulnerabilidades.

Se espera que la zona euro entre en una fase de recuperación cíclica a partir de 2026, apoyada por la relajación de la política monetaria, una orientación fiscal más expansiva, especialmente en defensa e infraestructuras, y unos fundamentos sólidos del sector privado. En Estados Unidos, se prevé que la economía se desacelere de forma moderada a lo largo de 2026, con un panorama general aún incierto, en el que, por un lado, pesan los riesgos a la baja derivados de los aranceles y la incertidumbre política y, por otro, los posibles efectos positivos de las ganancias de productividad impulsadas por la inteligencia artificial y las reformas proempresariales.

Los mercados emergentes muestran un dinamismo desigual pero más sólido: la demanda interna y las políticas selectivas sostienen a parte de Asia y a la India, mientras que China afronta vientos en contra de carácter demográfico, un consumo débil y presiones deflacionistas que probablemente limiten el crecimiento en torno al 4%. En Latinoamérica, la política comercial de Estados Unidos ha tenido un impacto significativo en la región; no obstante, la moderación de la inflación y la bajada de los tipos de interés deberían respaldar la actividad económica, mientras que una posición externa sólida actúa como colchón frente a posibles shocks externos.

La inversión en tecnología, en particular en inteligencia artificial, seguirá actuando como un potente motor de productividad, competitividad y beneficios empresariales. No obstante, el año que viene también exige prudencia. A medida que se profundizan los realineamientos geopolíticos, la economía global se vuelve más sensible a las decisiones de política económica, a las tensiones regionales y a los cambios en el sentimiento inversor. Países y empresas deben adaptarse a transiciones estructurales, como una globalización que se reorganiza gradualmente en bloques más regionales, cadenas de suministro rediseñadas con criterios de seguridad, presiones demográficas, inversiones ligadas al clima y tecnologías emergentes que escalan a un ritmo sin precedentes, todo ello en un entorno en el que la incertidumbre en torno a la política comercial seguirá siendo una constante, con los movimientos arancelarios influyendo en las tendencias de inflación, las decisiones de inversión y los márgenes empresariales.

Ante este telón de fondo, el desafío – y también la oportunidad – para países y empresas, será saber navegar en un entorno marcado simultáneamente por la resiliencia, la transición y el potencial de disrupción. Esto implica adoptar una planificación flexible y adaptable, respaldada por escenarios que ayuden a anticipar riesgos geopolíticos, comerciales y cambios regulatorios. Enfrentar estos desafíos estructurales y acelerar el crecimiento económico de largo plazo en este nuevo orden global requiere una mayor inversión, que depende de un mayor acceso a la financiación. En ese sentido, es crucial integrar los mercados de capitales europeos, reducir la fragmentación y crear un entorno más competitivo dentro de una regulación y fiscalidad inteligentes, para canalizar de manera efectiva el ahorro de los ciudadanos hacia usos productivos como la innovación, las infraestructuras y el crecimiento de nuestras empresas.