La regulación de los mercados financieros establece las normas que protegen a los inversores, aseguran la igualdad de oportunidades y fomentan la confianza en el sistema. Gracias a un marco regulatorio sólido, se supervisan las operaciones, se previenen prácticas abusivas y se promueve un entorno de negociación justo y eficiente que impulsa el desarrollo económico y la estabilidad del mercado.